A Barcia Goyanes (3): No me conozco del todo a mí mismo

 


A Barcia Goyanes (3): No me conozco del todo a mismo

De Roberto Nóvoa Santos (1885-1933), Profesor de Barcia Goyanes[1] y catedrático de Patología General en Santiago, dijo Marañón, en su ensayo[2] sobre la persona y la obra de una de las figuras más destacada de su época:

“Es innata la tendencia, en los hombres inteligentes que viven sujetos al ejercicio de una profesión a compensar de este ejercicio con la práctica pública o el secreto cultivo de otras actividades. Todos llevamos dentro una personalidad mucho más compleja que la que indica nuestra fachada oficial”

Y tal vez por eso, porque “no me conozco del todo a mí mismo” –como señaló San Agustín- “hay en el hombre algo que ni siquiera conoce el espíritu del hombre que hay en él”[3].

No debe sorprender, pues, que según en la orilla del camino en la que nos encontremos, Barcia Goyanes, para unos, sería, entre otras facetas difíciles de delimitar, la figura indiscutible que supo conjugar la labor científica del neurólogo, del anatónomo, del psiquiatra y el neurocirujano. Para otros,

Aprendices de intuición
que no contamos con un rostro
que transmita inspiración


Barcia Goyanes fue,
Médico
Que hizo de la medicina
Un sendero de creatividad


Infatigable humanista enciclopédico, que supo acariciar, en el hombre que en él vivía, al filósofo, al filólogo anatomista conocedor de lenguas modernas y clásicas, al historiador, y por supuesto al poeta[4], a la persona corriente que quería Unamuno:

“el hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere...el que come y bebe y juega y duerme y piensa y quiere; el hombre que se ve y a quien se oye, el hermano, el verdadero hermano”[5].

Aquel que desee conocer
“el hombre de secreto[6]
–según un sencillo poema de don Miguel de Unamuno-, y que no le baste con 
“el hombre de todos”,
lo conocerá en Canto de cisne[7] y Como el eco[8].


Con ambas obras, Juan José Barcia Goyanes cumplía merecidamente con la tradición literaria y poética de su padre, Juan Barcia Eleicegui[9] –que como ya dijimos fue también un destacado poeta- , y de su abuelo Juan Barcia Caballero[10]

El maestro demuestra serlo no sólo enseñando,
sino también en la claridad y en la sencillez,
esa sencillez sabia y elegante que reposa tranquila en la pluma dejada por el hábito poético
¿Qué mejor preparación para el más allá que la contemplación y la comprensión de la propia vida humana[11]?
- la fuente, convertida en verso, de donde los hechos brotan-


[1] El origen internista de sus conocimientos neurológicos se los debe al que fue su Profesor de Patología General en la Universidad de Santiago en donde, como ya dijimos, cursó sus estudios de la Licenciatura de Medicina, Roberto Novoa Santos, y al que, según su propio testimonio, “le debo la mayor parte de lo poco que sabía de medicina al licenciarme”(Barcia Goyanes: J.J.: “Evocación”. En Bermejo Pareja F. y col.: La neurología española al final del milenio. Historia y porvenir. Ed. Uriach, 1999, p. 79)

[2] Marañon, G.: Roberto Nóvoa Santos. Obras completas, Ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1968, p. 141.

[3] San Agustín: Confesiones. Ed. Biblioteca de Autores cristianos, Madrid, 2001, p. 314.

[4] Cuenta el propio Barcia Goyanes que su afición a la poesía se inició muy tempranamente, precisamente en 1910, cuando el cometa de Halley hizo su penúltima aparición en nuestro cielo. También recuerda – anecdóticamente en su libro Canto de Cisne (Ed. Albatros, Valencia, 1995, p.11)- la presentación de “un poema a un concurso abierto por una revista estudiantil titulada Maruxa y publicada en Santiago de Compostela. El tema era único: “Canto a la Paz”. Eran los años de la guerra 1914-18...El premio era importante para una revista de estudiantes: 500 pesetas, por entonces más que el sueldo mensual de un Catedrático de Universidad. Obtuve un accésit, único que fue otorgado. Parece que el no haberme concedido el premio, no fue tanto por el escaso valor de mi poesía cuanto porque a última hora el mecenas que lo había ofrecido se volvió atrás y la redacción de la revista no estaba en condiciones de sustituirlo. Pocos meses después terminó su efímera existencia”.

[5] Cfr. Miguel de Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida. Ed. Espasa-Calpe, 1976, Madrid, p. 25.

[6] Un poema de Barcia Goyanes, con el que abre su libro (Canto de cisne, p.13, Vide nota33) a modo de proemio, dice así: “...Mas, si alguno leyere los pobres versos míos, algo habrá conocido de mi vida secreta, y dirá, pensativo, tragándose un sollozo: “No lo hemos conocido: era sólo un poeta”.

[7] Es de destacar en esta obra, junto a los poemas originales del autor, las traducciones de algunos poetas clásicos como, Goethe, Puschkin, Allan Poe, y, sobre todo, de Heinrich Heine. La producción de este último poeta encaja en el romanticismo tardío del que fueron epónimos antes que su abuelo, Juan Barcia Caballero, en España, Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro y en Alemania, ya lo hemos señalado, Heine. Destacaremos aquí que tanto Heine como Rosalía de Castro y su abuelo trataron el tema de la muerte.

[8] Barcia Goyanes, J.J.: Cómo el eco. Ed. Albatros, Valencia, 2001.

[9] Algunas de las poesías de Barcia Goyanes, escritas entre 1919 y 1924 y antes de abandonar Santiago para trasladarse a la Cátedra de Anatomía en la Universidad de Salamanca, aparecen unidas a otras de las que eran autores su padre y su abuelo, en un libro publicado en 1986 que lleva por título Salterio, Ed. Autor-Editor.

[10] Se da la circunstancia que la prestigiosa base de datos bibliográfica de Psicología en español “Psicodoc” editada por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid en colaboración con la Biblioteca de la Universidad Complutense, incluye en su base de datos “Mente”, dedicada a los autores y obras de la Historia de la Psicología en España, la reseña bibliográfica y las obras de Juan Barcia Caballero…

[11] Leemos en Petrarca (De sui ipsius et multorum ignorantia, Prooemium): “Por fin, te entrego estos pliegos, amigo, que he escrito sobre un tema tan importante como el desconocimiento de mí mismo y de muchos otros...Pero si tú los lees, tienes que imaginarte que te estoy hablando como estamos acostumbrados, al lado del fuego, como si en este momento un impulso me obligara a hablar”. 


Juan José Regadera, 2004 

           


Hasta pronto

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