A Juan José Barcia Goyanes (1): Invisibles

 


A Barcia Goyanes (1): Invisibles


Invisibles, 
Como el sentimiento,
Transparentes, 
Como la luz,
Duendes, a los que únicamente llegas a través de la intuición[1]

¿Cómo honrar estas fuentes de inspiración,
de rostros anónimos[2],
convertidos en primera vocación?



[1] Michel de Montaigne (1533-1592) en sus directivas para la formación de un joven nos dice (Essais, I, 25): “Quien sigue a otro, no sigue a nadie. No encuentra nada, mientras no se busca algo. No estamos bajo ningún rey, sino cada uno debe sostenerse a sí mismo. Es necesario que el joven reciba en sí las pasiones, los cambios, las disposiciones de ánimo y no que aprenda sus preceptos. Puede olvidar, si quiere, dónde los obtuvo, pero debe saber apropiárselos. La verdad y la razón son comunes para todos y no son sólo del que las ha pronunciado por primera vez, sino también de aquel que las diga luego por última vez”.


[2] Petrarca (1304-1374) en la introducción a su Vida de hombres célebres (De viris illustribus, Praefatio) escribe: “Si los esfuerzos de mis estudios han apagado, al menos en parte, el ansia de tu sed, entonces no pretenderá ninguna otra clase de alabanza que ser amado por ti aunque te sea desconocido, aunque esté ya sepultado en una tumba, aunque me haya transformado ya en cenizas. Así he amado yo también a muchos de aquellos cuyas vigilias tanto agradezco por su ayuda, aunque estén muertos ya desde hace mucho tiempo y estén exterminados desde hace mil años”.       


  
Juan José Regadera, 2004 

           


Hasta pronto

                                                                              
                                      

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