El cuidado. La cuestión palpitante

 

La cuestión palpitante 

Nuevo formato en el que el Dr. Juan José Regadera analizará brevemente cuestiones relevantes de la realidad social. La diecinueveava sesión, dedicada al cuidado. 

La cuestión palpitante es el libro en el que Emilia Pardo Bazán reunió una serie de artículos, varios de ellos dedicados al análisis de la poética naturalista, que suscitaron uno de los más significativos debates culturales de finales del siglo XIX. Con esta fuente de inspiración, la Consulta del Doctor Juan José Regadera propone el análisis de tema de interés social. 


El cuidado

La orientación vocacional, la inteligencia emocional, los valores y la creatividad son disposiciones “internas” de la persona que conectan con la expresión “Conciencia moral” popularizada en las frases “llamada de la conciencia”, o “voz de la conciencia”. La conciencia moral se nos revela como la “preocupación” que debemos tener por la “vocación”. Esta vocación somos nosotros mismos en el contexto de la existencia que a modo de “voz” interior se hace oír a veces para empujarnos hacer aquello a lo que estamos inclinados a hacer. Se trata, así verdaderamente de una señal. Ignorarla nos acarrearía “mala conciencia”. 

La conciencia moral “evoca” y revela a la existencia de cada uno de nosotros su vocación, lo que la conciencia es en su autenticidad. Es una “voz” que no dice nada, que permanece silenciosa, porque no viene de fuera, sino de dentro de la Existencia de la persona. Dicho de otro modo, es un “avocar” al “ser” que todos llevamos dentro para que salga de su estado de perdida de sí mismo. En suma, mi vida (mi Existencia) aun teniendo presente lo “inhóspito” de vivir en el mundo, es el verdadero vocador de la vocación, que conecta con la conciencia moral.

De un modo u otro, todos estamos “llamados” a preguntamos por nuestra vocación. Que es como decir, que todos estamos “llamados” al Cuidado o a la “preocupación” de saber qué hacer con nuestra vida. Y, en esta tarea de la Existencia, está la vida en juego por lo que supone de acto de decisión.

Como es fácil suponer, en esta “llamada” interior a Cuidarse uno así mismo, nos encontramos perdidos entre las cosas que debemos decidir y elegir. Pero claro, cuando “invocamos” aquello que queremos ser nos encontramos con un asunto muy debatido no solo por uno mismo sino también por aquellos que nos rodean. Dos posibilidades se nos ofrecen: una es la nada en la cual nos quedamos suspendidos sin saber qué hacer o qué camino seguir. Otra es la plenitud de encontrar el sentido de uno mismo.  Las dos posibilidades no son siempre incompatibles, especialmente cuando se supone que “el puro ser –conocer nuestra vocación- y la pura nada –ignorar cuál es la vocación- son lo mismo”, o dicho, en otros términos: “el camino ascendente y descendente son uno y el mismo”.

Es indudable que hay una cierta Orientación hacia una u otra posibilidad que correspondería a una distinta idea de Existencia. La vida humana es un vivir con sus circunstancias, las cuales pueden impedir o pueden contribuir a que la vida se realice a sí misma, es decir, sea fiel al “yo insobornable”. Este “yo” es justamente la vocación, la cual es estrictamente individual e intransferible.

Por eso, tenemos que analizar la vida humana, no únicamente en términos de “carácter”, sino en términos de vocación o destino personal. Esto imprime a las acciones humanas un sello que las hace siempre decisivas y, por lo tanto, impide que puedan ser consideradas como meramente simbólicas. La vocación es, así, el fondo de la vida humana y puede ser identificado con el “quehacer” estrictamente personal de la misma. Al ser fieles a la vocación somos fieles a nuestra propia vida, y por eso la vocación designa la mismidad y autenticidad de cada ser humano. Por el mismo motivo la vocación, o el destino equivalen al designio o programa vital en el curso del cual la vida llega a ser lo que “auténticamente es”.


Juan José Regadera. En Murcia

        

                                     Hasta pronto 

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